Muerte al país

Muerte al país es un trabajo hecho con amor: Amor a la vida, a las mujeres, a los momentos mágicos que nos regala el azar cual corcel desbocado y loco. También está hecho con rabia: Rabia acumulada en el silencio, rabia de vivir en el centro rodeado de medios, de noticias, de miseria y de opulencia, como en un limbo. La crítica ante la realidad  aparece entonces en frases iracundas y sonidos sórdidos; gestos que no son más que el reflejo del interior de una vida que yace en un país de mendigos y reyes, de obreros y traidores, de indígenas y criollos, negros, mestizos y religiones de templos y garajes. Vivir en el centro es una cuestión de percepción, es un punto de vista del que se sale cada que la acción tiene lugar en forma de canciones; voces de protesta que se difunden gracias a las grietas que se le van haciendo al sistema. Las plataformas gratuitas de internet, los avances tecnológicos que abaratan y hacen más fácil y masiva la creación artística son un mazo. Los sutiles o contundentes impactos irán sepultando un país viejo que debe morir para que podamos ver un nuevo amanecer, el arte de las cloacas es un golpe más. El cielo y sus arreboles, el quehacer de los semejantes, la vida, los perros callejeros, las calles, los libros y la historia son inspiración. Son inspiración también, las alas de las nubes y sus besos a la noche.


Realizado en enero del 2014 en Rionegro Antioquia.